viernes, 28 de octubre de 2016

María Inmaculada Barrios, Materia Incierta (Una alternativa para recuperarnos), por Rafael Antonio Strauss K.©

Materia Incierta (Una Alternativa para Recuperarnos) por Rafael Strauss K. Suplemento Cultural, p. 11, Últimas Noticias, Caracas, 31.3.1985. Sobre el libro Materia Incierta, de María Inmaculada Barrios. “No puedes encender nada, ¿por qué?; por una simple razón: no tienes fuego” de Materia Incierta.©

Plagada de matices prometedores una pregunta inaugura este nuevo trabajo de María Inmaculada Barrios. Calladamente, casi sin que nos demos cuenta, la va contestando, se la va contestando, nos la va contestando: “¿Dejaré el Sueño del Pájaro?”, y en magnífica secuencia creativa nuestra capacidad de razonar se va volviendo fantasía como único recurso disponible para asumir el enfrentamiento al que María Inmaculada nos somete con su prosa, con sus imágenes, con su artero conocimiento de la naturaleza humana, con su hacernos dudar tras cada aseveración del “personaje central” de este ejercicio y tras cada consideración de quien lo escribe. “Soy libre -dice aquél. “Pero tu libertad –se le responde– sólo te ha servido para seguir un camino trazado por otros...” Ese personaje “tenía formato y maletín de triunfador, y eso acá... cuenta”. Es su exterior una de las primeras captaciones que hacemos de ese personaje. Resulta inevitable dejar de identificarse con él, que poco a poco se nos va complejizando. La manera como la autora respeta este proceso facilita enormemente la lectura de esta Materia Incierta que ellos facilitó también su concepción y factura como corpus literario.
        
Materia Incierta fortalece la idea de que la ciencia puede ser expresada literariamente. A las consideraciones científicas, detectadas fácilmente, por el especialista psicoterapeuta, se suma la sensibilidad del científico. El personaje central no es historia clínica engavetada en el consultorio. La relación que se establece en Materia Incierta está pensada como un hecho enormemente humano. Las palabras curar y enfermedad, si bien están entrelineadas, no forman la esencia objetivada de Materia Incierta. Auto-opiniones dejadas decir por el psiquiatra, reflexionadas por ambos, y a nosotros se nos permite participar en ese proceso. El personaje central transita por toda una experiencia, cuya pauta él impone, hasta llegar a los Alumbramientos, que es, formalmente, la parte final de este trabajo, no la del proceso. Dice la autora: Al fin abrió el secreto de la reciprocidad. Hizo su entrada en el gran reino de las sensaciones. Aceptó la sorpresa, abrazó lo Imperfecto, reconoció lo ajeno, vislumbró lo desconocido. Y a partir de ahí supo que reinventarse era una tarea cotidiana. ¿Hay frase más objetiva, más humana, más alentadora? Me parece importante vincular este contenido, y Materia Incierta, con lo que nos está ocurriendo en Venezuela. Parece inevitable aceptar que desde esta experiencia psicoterapéutica particular obtengamos visiones de futuro y nos las apliquemos.
        
Materia Incierta viene a ser, así lo veo, no sólo una reflexión que cada uno de nosotros debe hacerse, sino una reflexión que debemos hacernos como comunidad nacional. En Venezuela se extravió lo cotidiano; hay que encontrarlo. La reciprocidad casi que ya no existe y su sustitución se ha hecho por la vía del egoísmo; y las sensaciones son poco menos que sentimientos materiales consumistas. Estamos carentes de caricias. Estamos cosechando los frutos de las falsedades en las que hemos estado viviendo, aun a costa de lo que no hicimos. Unos pocos, nos han hecho culpables. Materia Incierta, en la frase transcrita, en muchas otras y en su espíritu nos anuncia el imperio de la autenticidad como alternativa válida para recuperarnos. Este es uno de sus más grandes aportes. Este trabajo, si bien es un “ejercicio de la psicoterapia con un lenguaje distinto al que me enseñaron”, como escribe María Inmaculada, es, metodológicamente hablando, una posibilidad de vernos a nosotros mismos sobre todo en nuestra instancia interna. Nos puebla a todos el miedo y la inseguridad quizás porque no se nos enseñó a ser capaces de vislumbrar futuros ni de apreciar la calidad y el tipo de las tendencias en las que hemos venido estando inmersos. Como nación, como cada-uno, como nosotros- mismos nos despojamos de tradiciones probablemente válidas, pretendimos sustituirlas y lo que se ha usado como sustitutos ha fallado. De un tiempo hacia acá hemos andado A Tientas y las palabras que abren esta segunda parte de Materia Incierta son, por demás, sugerentes: ¿Cómo protegerse de lo falso y de lo equívoco si no había aprendido a reconocerlos? ¿Cómo darle ritmo a ese saco de incertidumbre? ¿Cómo dibujar tanta imprecisión?. Continúa una serie de extraordinarias reflexiones en esta línea.

No es posible sustituir tradiciones sin quedarse desposeídos. Y lo que ahora poseemos no nos deslinda como pueblo creador pero sí que nos induce a un falso conocimiento de nosotros mismos. La rutina, la carencia de sentido poético... nos acosan. No reaccionamos ya como lo hicieron nuestros antepasados mediatos e inmediatos. Escribe María Inmaculada: Cuando el sol untó el pasto de esa tibia luz-crema del invierno, él despertó y con los ojos aún cerrados se acercó a la ventana. El viento rezaba sus oraciones, y los arbustos efectuaban sus genuflexiones rituales. Sin embargo, para él nada se movía porque su sensibilidad anestesiada de costumbres, sólo podría quizá registrar un huracán (caso que jamás ocurrió en su región). Sólo le quedaba, como todos los días, solazarse sintiendo aquellos latidos regulares que parecían venir de alguna parte del cuerpo: su incansable reloj. Materia Incierta  no es un contenido gratuito: es reflexión poética de altura sobre un personaje y sobre un colectivo. Hemos olvidado la tarea de vivir… y nuestras orillas están sembradas de cactus aun cuando poseemos nuestra soledad en el último modelo de la Ford.

Pero no bastará con recuperarnos; tendremos que aprender qué hacer cuando eso ocurra. Materia Incierta nos lo advierte: Una tarde se encontró con la vida de golpe, de sopetón, ahí a la vuelta de cualquier esquina. Y lo peor es que no supe qué hacer con ella. ¡Después de tanto buscarla!!de tanto prepararse para su encuentro! Se quedó ahí parado, pasmado, mirándola fijo, sin saber qué decirle ni qué ofrecerle que no fuera su miedo.

La siguiente parte del libro, la penúltima, se intitula Plegaria, quizá la más poética. Alude a salmos, a etapa pre-reencuentro, a esperanza y a mucho olor a vida. Hay como una humedad de esas parameras que lo refresca a uno; hay como un tibio limo de ese que crece en las cosas queridas a fuerza de recordarlas siempre- El personaje central estalla en miedos antes de su reencuentro, antes de su convicción de que reinventarse es una tarea cotidiana. En esta parte vemos a un ser que se presenta desde adentro y es por ello que en algún momento hasta le molesta la presencia de Dios en sus entrañas. Líbrame de ti mismo, Señor, dice angustiado y todavía angustiado, invita al Señor a caminar por el sendero que va a la gruta para que haga trizas a los dioses falsos que se han instalado al pie de la colina. Plegaria es como la sinceración del personaje central consigo mismo; es reconocer sus fallas, sus fracasos, sus limitaciones, los engaños a los que ha sido sometido, pero dentro de un espacio veraz y posible. Es un auto-ungimiento de esperanza, de esperanzas aun ante la evidencia de lo carrasposo y mortificante que nos ha resultado la vida, y pide se le conceda a su tierra – concédele a mi tierra... la experiencia del fruto.


Materia Incierta me ha apasionado. Después de Isabel ­–primera obra de la autora– uno no espera menos. Cantos para que no te mueras, su trabajo más reciente, será, sin duda alguna, un impacto y aporte importante para la literatura porque es una manera posible y sencilla de acariciar la vida y de entenderla y de entendernos mejor. María Inmaculada Barrios, con sus libros, dicta una espléndida y objetiva cátedra humana en un momento de resquebrajamiento de lo humano.