lunes, 27 de abril de 2015

Rafaela Baroni, un colibrí sobre el dulce de guayaba©

Un colibrí sobre el dulce de guayaba. 
A Rafaela Baroni©
Rafael A. Strauss K., agosto 1991

      Libre, menuda, tierna..., como el gorrión de la canción de Serrat. De andar magnífico, prudente, cadencioso, transita por la vida con la certeza de un felino amigable, sin renunciar a esa esbelta elegancia de dama a cuerpo entero en camafeo. La recuerdo en su actitud paciente ante la impostergable prisa de estos tiempos, y es que su andina condición de frailejón eterno extiende su aterciopelada mirada y empiezan a ocurrir esos tantos milagros que siempre Rafaela propicia..., y uno se va enredando en el arcoiris de sus fonemas apresurados, de sus brazos de director de orquesta, de sus manos de maestro de escuela y en medio de ese torbellino diáfano y multicolor uno divisa la infinitud de su negro cabello, suelto, como un galope vegetal y silencioso en un cuidado bosque, o acrinejado, como ríos de azabache magnífico o en un moño vespertino recordador de paseos por una plaza enorme y despejada, olorosa al colectivo vuelo de golondrinas que retornan... y uno se va enredando en ese equilibrio que Rafaela ha establecido entre la vida y la muerte a través de su arte que es su vida.

            Por sus relatos1, uno sabe que emergió del milagro -subterfugio inventado por los seres humanos cuando deseamos creer en algo que hemos creado- porque ya es trascendente y esencial que Rafaela recuerde, con la fuerza de un colibrí atinador, pacífico, seguro, que por revelaciones de una constante fe en sí misma y en su creatividad, afortunadamente aún inagotable, curó de una ceguera oscurantista, y como un habitante de la Grecia heredada convocó por igual a deidades y a humanos y la imagen serena de una naciente virgen emergió primigenia, redentora y posible de las manos sorprendidas de Rafaela... la Virgen del Espejo... su amiga, su mejor compañera, y su arte tiene esta experiencia de creadora de cielos, de esta Rafaela siempre pastoreando milagros, de esta imagen borradora de infiernos, de esta enemiga sutil de la tristeza; tiene su arte el aroma de su afecto por los seres humanos, a pesar de que algunos hayan violentado esa confianza en la especie; tienen sus creaciones la palpable ternura que emiten sus labores de encaje y las ropas que cose, y sus tallas exhiben la familiaridad de Rafaela con lo místico, que ha plasmado en ese mundo tan particular que nos ha creado. Ella y su obra toda, un clarísimo espejo de dimensiones infinitas en el que cada quien puede ver reflejadas sus angustias, mucho de su destino y buena parte del pasado común de todos como humanos... porque Rafaela siempre deja un espacio para cada uno de nosotros. En sus manos la madera se torna sentimiento, se llena de sonidos, se enriquece con formas y colores, habla...; de simple material vegetal de circunstancia se hace vida y uno siente el palpitar de sus piezas, y se hace muerte, y uno percibe mensajes del futuro, y se hace historia, y uno tiene la certeza de nuestra propia permanencia.

            Así la vida, así la obra de esta artista Rafaela Baroni..., de este personaje que ha sabido argumentar su arte con su propia existencia y, sin complicaciones, involucrar a todos en su existencia y arte. Amiga de lo humano porque ya se conoce los ritos de lo eterno, que desde hace tiempo transitan por su piel de dulce de guayaba, fabrican arcoiris, reproducen su esencia olorosa a vainilla, abren de par en par las puertas de su Pesebre, permanente-continuo-constante nacimiento...

            Tomo prestado un Canto, Rafaela, para decir que estás llena de oficios de herencia, de oficios muy viejos; para decirte que has aprendido del río a dormir en los pozos y del viento a barrer la hojarasca y del viejo a amansar la tristeza, a cantarle canciones, a prenderle velones, a arrullarla en los brazos, a dormirla despacio con humito y canela2..., y nos has enseñado, Rafaela... Rafael A. Strauss K. Texto solicitado para el Catálogo de la Exposición Rafaela BaronI La Mujer del Encanto, pp. 5-7, Fundación Cultural José Ángel Lamas, Museo de Arte Popular de Petare, agosto 1991.




1. En 1989 se nos pidió que corrigiéramos la transcripción de unas grabaciones a Rafaela, hechas con la intención de publicarlas, lo que, hasta donde sé, no ha ocurrido.
2. Paráfrasis a uno de los Cantos para que no te mueras, de María Inmaculada Barrios. Grupo Editor Derrelieve. Caracas, 1984. p. 34.