jueves, 20 de octubre de 2016

Teo Capriles, texto para la esquela, 26.1.1982, por Rafael Antonio Strauss K.©

Querido Viejo Teo: para ti la plena eternidad de la historia. En tus pinturas, la imagen hecha color y luz de una Venezuela siempre presente, por auténtica; en tu cuerpo, que inundará a la tierra, tu imagen de deportista consecuente y fructífero; en tu voz, ese cantar inmenso por la vida, a la que tanto amaste. Un Solo Pueblo quiere que te lleves contigo, para que lo amalgames con la tierra, su agradecimiento por haberlo inspirado, por motivarnos siempre.

Querido Viejo Teo: a ti la vida, que tuvo en tu trabajo el aliento constante por la creatividad humana.

Rafael A. Strauss K.
Para la esquela de Teo Capriles, 26.1.1982.

martes, 18 de octubre de 2016

De la Filatelia a Nuestra Señora de Aregue©, por Rafael Antonio Strauss Kazen. Blog en Construcción.



De la Filatelia a Nuestra Señora de Aregue©, por Rafael Antonio Strauss Kazen. 

Rafael Antonio Strauss Kazen (Barquisimeto, Lara, Venezuela, 1946) 
Blog EN CONSTRUCCIÓN
          Las primeras experiencias intelectuales las vive en lo que se conocía en el pueblo como la escuelita de la Señora Aurora Castillo que tenía en Guama,  Yaracuy, con su hija, la Señorita Carmen, y Silvio, su hijo. Para que pudieras incorporarte al sistema educativo formal, tenías que presentar un examen especial, sobre todo de lectura y escritura, ante el Ministerio de Educación, y después de presentarlo el jurado decidió ubicarme en el tercer grado, pero papá y mamá decidieron que mejor era en el segundo. Otras cercanías definitivamente nutritivas las constituyen aquellos álbumes de cromos sobre Simón Bolívar y sobre cosas de la naturaleza, las revistas y periódicos que papá recibía desde Barquisimeto y desde otras partes del mundo y las conversaciones, en la Plaza Bolívar, con gente mayor y gente de mi edad. Ingresa al Grupo Escolar "José Tomás González", donde concluye su primaria, en 1958, y el primer año de Secundaria, 1959-1960, lo realiza en el Liceo "Arístides Rojas, San Felipe, Yaracuy, y los otros cuatro en el Liceo "Mario Briceño Iragorry", Barquisimeto, Lara. En el lapso 1967-1974 cursa sus estudios de educación superior -Licenciatura y Maestría- en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, ENAH, la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, y el Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, (CIS-INAH), hoy CIESAS, en la Ciudad de México, y obtiene los títulos de Etnólogo y Maestro en Ciencias Antropológicas, Especialidad Etnohistoria. 
          Apenas concluye sus estudios de postgrado en Etnohistoria (México, 1974), regresa a Venezuela y se fue incorporando a dos de los campos que han caracterizado su trabajo antropológico en Venezuela hasta el momento: la cultura popular tradicional y la etnohistoria. Desde marzo de 1975 hasta que renuncia, fue por ocho meses Conservador III en el Museo Nacional de Folklore. Entre el 5 de noviembre de 1975 y el 15 de marzo de 1976, fue Profesor de la Cátedra de Museología, Departamento de Turismo, Instituto Universitario Nueva Esparta, Caracas. El lunes 15.9.1975 ingresa como docente en la Escuela de Historia-UCV. El 7 de diciembre de 1978 gana el Concurso de Oposición para dotar de un Instructor a Dedicación Exclusiva la Asignatura Antropología, Escuela de Historia-UCV. En 1985 asciende a la categoría de Profesor Asistente, con el trabajo Antropología e Historia: una relación necesaria, bajo la tutoría de Alfredo Chacón y como Jurado, Michaelle Ascencio y Miguel Acosta Saignes y en 2001 asciende a la Categoría de Profesor Agregado, Mención Honorífica, con el Diccionario de cultura popular. 

          Destaca en el desarrollo de su trabajo etnohistórico, la preocupación por el conocimiento de nuestro pasado prehispánico y el destino de las sociedades indígenas a partir del momento que Strauss denomina encuentro mutuo con los nuevo. En esta área y con el orgullo y objetividad de que he sido capaz, emulo a mi tutor en México, el Dr. Angel Palerm Vich, y a uno de mis maestros en Venezuela, el Dr. Miguel Acosta Saignes. Desde los trabajos de pregrado y más particularmente desde la tesis de maestría -El área septentrional del Valle de México: panorama agrohidráulico prehispánico, con honores Cum Laude y Recomendación de Publicación- fortalecí mi interés por la historia antigua de América, labor que ha continuado en lo que se refiere al tiempo prehispánico de Venezuela, principalmente a través de sus clases en la Universidad Central, conferencias, artículos, talleres de investigación como el TaVE -Taller Venezuela Etnohistoria-, que fundé con destacados alumnos ucevistas en la Escuela de Historia, y cuyas investigaciones de campo, en archivos, bibliotecas y archivos particulares tuvieron como objetivo vincular al estudiante de historia con las áreas arqueológica, etnohistórica y de la cultura tradicional venezolana. En su afán porque se visualizara el encuentro entre dos mundos, compuso con textos de fuentes históricas coloniales y del poeta Aquiles Nazoa una obra de teatro con alumnos de la Escuela de Historia, y que presentó bajo su dirección en la Sala de Conciertos de la UCV con el título Todavía cantamos. Antes había participado como actor en el Grupo El Chichón-UCV, bajo la dirección de Armando Carías, en la obra La historia que no nos contaron, donde hizo el papel de Francisco de Miranda, y en Profundo con el Teatro de Historia-UCV, bajo la dirección de Javier Páez, importante obra de José Ignacio Cabrujas para conocer buena parte de la idiosincracia del venezolano. 

          Desde la Filatelia hasta Nuestra Señora de la Chiquinquirá de Aregue, recoge las publicaciones de Rafael Strauss. Este título quiere reflejar la trayectoria desde sus primeros artículos en El Impulso, periódico de Barquisimeto (1962), hasta su más reciente trabajo como coautor en el libro Huellas de la Virgen María en Venezuela (2013)... 51 años, llenos todos de grandes satisfacciones y que por deferencia con quien lea estas líneas, se prefirió no incluir la información curricular como tutor de tesis de pregrado y posgrado, árbitros de proyectos y de trabajos para su posible publicación, jurado de concursos literarios, de oposición, de tesis, de trabajos de ascenso, editor, actor, escritor de trabajos de tinte literario, cargos académico-administrativo y gremial, fundador de Un Solo Pueblo, presentador de catálogos, exposiciones y discos de larga duración de música de Venezuela, fundador de grupos como el Tonel (Barquisimeto, 1964) y del Club Filatélico de esa ciudad, seminarista, ayudante en la construcción de aceras en Las Minas, Baruta (1964), conferencista sobre la Inmaculada en el barrio El Carpintero, Petare (1964), revisor de anteproyecto de tesis y tantas otras cosas... Privilegio en estos Brillos a la Intemperie© las publicaciones, porque es lo que más puede localizarse, y ahora más, en estos tiempos de Internet. Hasta yo mismo he encontrado en esa gran biblioteca cosas sobre mí mismo... Me pregunto, en todo caso, si me estoy guiando por Lucas 6:43-44 y, sobre todo, por Mateo 7:15-20, Por sus frutos los conoceréis, porque como en ella se dice, 15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20 Así que, por sus frutos los conoceréis. Más claro no puede ser si comparamos esta preciosura de sentencia con lo que uno ha vivido, que haber visto, haber sentido, olido, oído, palpado, imaginado, comprobado y toda la ristra de verbos -que son acción, pasión y estado, como todo verbo- que puedan caber en 69 años de existencia.

          Recién que iniciara sus estudios de post-grado dictó conferencias en el Museo Nacional de Antropología, México, fue docente en los Cursos de Verano del Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, La Casa Chata, Tlalpan, México -CISINAH, hoy CIESAS-, y como pasante participó en la Mesa de Trabajo sobre Etnohistoria del Centro de México, Época Prehispánica, con los doctores Pedro Carrasco, Angel Palerm y Johanna Broda y los Maestros Luis Reyes, José Lameiras y Brigitte B. de Lameiras. Como actividad final presentó la ponencia individual: Metodología etnohistórica en la reconstrucción del panorama agrohidráulico prehispánico del norte del Valle de México, conjuntamente con el Dr. Wigberto Jiménez Moreno (INAH) y los Maestros Carlos Martínez Marín (UNAM) y Roger Bartra (UNAM) como invitados.

          Es miembro fundador -y asesor de investigaciones de campo y de gabinete- de la Agrupación Musical Un Solo Pueblo, escenario que ha combinado con el universitario para dar a conocer, con especial énfasis en lo histórico, lo antropológico y lo geográfico, la riqueza de nuestra cultura popular, a través de conferencias, coordinación de proyectos, artículos, textos de presentación de discos y exposiciones de artistas populares, artículos y asesorías a instituciones públicas y privadas, a agrupaciones musicales, grupos de investigación y programas de radio y de tv, gracias a muchas de sus publicaciones y de las asignaturas electivas y seminarios que ha dictado principalmente en la Escuela de Historia-UCV.
Publicaciones

Conjuntamente con Luis Ramos D. ha constituido la editorial alternativa Iniciativas Derrelieve, que desde 1984 a la fecha ha editado y co-editado varios trabajos literarios, de investigación social e histórica y sobre aspectos de la cultura popular tradicional venezolana, la mayoría de ellos con técnicas editoriales artesanales. Se encuentra en proceso de estudio por parte de esta editorial el proyecto de Strauss sobre un Diccionario de la cultura popular de Venezuela, con materiales bibliográficos, hemerográficos, orales e iconográficos recopilados por él desde hace diez años aproximadamente. Este proyecto fue asumido, finalmente, por Fundación Bigott.   

Rafael Strauss fue profesor de Antropología y de Culturas Indígenas Americanas en la Escuela de Historia-UCV, desde septiembre de 1975. Ha dictado, asimismo, Electivas y Seminarios como: Antropología aplicada (1976, 1977 y 1979); Antropología aplicada al rescate de la cultura venezolana (1978); Geografía e historia de la cultura popular venezolana (1980); La cultura tradicional en Venezuela contemporánea (1980); Antropología e historia (1981); Historia oral (1983, 1986); Vías formales e informales en la difusión de la cultura popular en Venezuela (1985, proyecto conjunto con las Escuelas de Educación, de Historia y de Geografía, UCV); La educación en las sociedades prehispánicas americanas (Seminario, 1987); Visión de los vencidos (1988); Los bienes culturales de Venezuela como patrimonio histórico (Seminario, 1991), Estudio y comprensión de los cronistas y viajeros de Venezuela (1992). Además de la docencia e investigación, ha desempeñado labores de extensión universitaria y fue representante profesoral ante el Consejo de la Escuela de Historia, Jefe de la Cátedra de Ciencias Sociales y de la Cátedra de Proyectos y Miembro Electo de la Asociación de Profesores de la UCV, Seccional Humanidades y Educación. Del 6.12.2000 hasta el 20.12.2000 fue Director Encargado de la Escuela de Historia-UCV. Entre 2005 y 2007 fue Director de la Escuela de Historia-UCV, primero por designación y luego por elección. Desde febrero de 2007 es profesor jubilado.

Blogs/Blogger
Aprovechando las bondades de Internet y sus enormes posibilidades de comunicación, Strauss está dando a conocer sus trabajos publicados en revistas especializadas, prólogos, catálogos, textos de presentación y afines en blogs cuyos nombres son: Cerrar por Inventario, Venezuela en sus Fuentes Etnohistóricas, Brillos a la Intemperie y Familias en Familia.


Pedro Grases prologa El tiempo prehispánico de Venezuela, de Rafael Antonio Strauss K.

Pedro Grases prologa El tiempo prehispánico de Venezuela, de Rafael A. Strauss K.

El tiempo prehispánico de Venezuela©, Rafael A. Strauss K. Prólogo, Pedro Grases


La Fundación Eugenio Mendoza acordó dedicar el libro de Fin de Año 1992 a completar el ciclo de los volúmenes de revisión de la historia de Venezuela, emprendida en 1961 con el tomo de Venezuela independiente 1810-1960, preparado para evocar el sesquicentenario de la Emancipación nacional, iniciativa que fue continuada por las obras dedicadas a la Venezuela moderna, 1926-1976; la Venezuela contemporánea, 1974-1989 y a la de visión de futuro, Venezuela, Opciones geográficas y a Los tres primeros siglos de Venezuela, 1498-1810, impresos todos a lo largo de treinta años. Era la ejecución de un encargo que encomendó Eugenio Mendoza Goiticoa al Comité de Cultura desde los primeros días del establecimiento de la institución en 1952. El conjunto de los tomos ya editados abarcaba el tema de la historia nacional desde la llegada de Cristóbal Colón a suelo venezolano el 2 de agosto de 1498 hasta nuestros días. Constituye el todo la relación de la vida de esta parte de Tierra Firme a lo largo de los cinco siglos de la participación hispánica en el devenir de la nación.

El libro que aparece ahora se contrae al análisis de cómo era esta porción del mundo que denominamos Venezuela, en el instante en que aparecen los hombres del Viejo Mundo en el continente bautizado injustamente como América. El título de la obra es suficientemente expresivo: El tiempo prehispánico de Venezuela, que tú, lector, tienes en tus manos.
Con él evocamos, asimismo, el 40 aniversario de la Fundación, 1952-1992, y nos adherimos al V Centenario del encuentro de dos mundos que es rememorado como acto capital en la historia de la civilización humana en la cultura del universo. 

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El tema de El tiempo prehispánico de Venezuela no es fácil, pues se trata de lograr la presentación de la realidad geográfica -tierra y pobladores- en el instante en que se abre la nueva etapa histórica del país, sobre lo cual no hay tratados definitorios aunque se dispone de buen número de monografías de aspectos parciales que sustentan la investigación, que es en sí delicada y exigente.

Se encargó este trabajo al profesor Rafael Strauss (1946), venezolano de pro, y enamorado de su especialidad antropológica, la etnohistoria; catedrático de la materia en nuestra primera casa de estudios superiores, la Universidad Central de Venezuela, desde 1975, con obra ya conocida, que acredita su personalidad de experto en el asunto. Por su formación de graduado en Ciencias Antropológicas y Post-grado en Etnohistoria (1967-1974), con tesis bajo la tutoría del Dr. Angel Palerm Vich (1917-1980), prestigioso investigador y docente de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Universidad Nacional Autónoma de México y del Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México. Al final del volumen consta la obra de Rafael Strauss.

Creemos que el autor nos ha provisto de un excelente trabajo, breve, sintético pero totalizador, muy adecuado para los lectores contemporáneos a que va dedicado el texto, dentro de la hermosa costumbre de aducir un libro de Fin de Año la Fundación Eugenio Mendoza.

El profesor Strauss desarrolla su obra El tiempo prehispánico de Venezuela en los siguientes capítulos: "El poblamiento de América", "El tiempo prehispánico de Venezuela: disciplinas y fuentes para su estudio", El poblamiento prehispánico de Venezuela", "Los cuatro períodos de la historia prehispánica de Venezuela", "Nuestra cerámica prehispánica como historia y como arte", "Breve historia de la cerámica prehispánica de Venezuela", "Paleo-indio", "Meso-indio", "Neo-indio", "Indo-hispano", "Areas culturales del tiempo prehispánico de Venezuela", "Las sociedades prehispánicas de la región del Lago de Maracaibo", "Area de los arawacos occidentales", "Los Andes venezolanos y sus culturas prehispánicas", "Area cultural de los Otomacos y Taparitas", "El área cultural prehispánica de la Costa Caribe", "Los Llanos y la Guayana en tiempo prehispánico", "El área cultural de Guayana" y "El tiempo prehispánico de Venezuela hoy".

El profesor Strauss contagia el placer con que desarrolla la elaboración de su estudio. He conversado mucho con él durante el proceso de su tarea y he visto el alma de "Scholar" que lleva dentro. Por eso dice en sus primeras palabras de la Introducción que "revisar nuestro tiempo prehispánico a la luz de las consideraciones de la etnohistoria es vivir una experiencia fascinante". Es exactamente la fascinación con que se leen sus páginas, que recomiendo con toda sinceridad a los lectores de la obra. Va conduciendo su relación del tiempo prehispánico con ejemplar desarrollo. A unos capítulos iniciales de carácter teórico más general, plantea de entrada el problema del poblamiento primitivo de América, en el que predomina la teoría de haber venido del lejano Oriente a través del Estrecho de Bering a los confines septentrionales del continente; incluye en su texto la dilucidación de la más antigua población de Venezuela, con el examen de las fuentes utilizables para su estudio, hasta llegar a la precisión de los primitivos pobladores de esta parte de Tierra Firme. Luego analiza los cuatro períodos en que se ordena la historia prehispánica de la actual Venezuela para dedicar su atención a los testimonios de la cerámica como signos del arte y la cultura en los pueblos de larga evolución, con la consideración de las series que la arqueología ha determinado. 

Luego, adoptando los períodos que los investigadores han establecido, estudia las etapas sucesivas desde los paleoindios hasta los pueblos coetáneos con el descubrimiento colombino, para pasar a la parte más interesante y minuciosa de las áreas culturales en que se ha distribuido el extenso ámbito geográfico de la actual Venezuela, sección en que destaca, para mi gusto, lo que escribe sobre los pueblos de las áreas andinas, con todo y que no hay capítulo que no reúna apasionantes observaciones que nos conducen a la comprensión del habitat venezolano. Utiliza las referencias existentes para su examen, en forma inteligente, expuesto siempre en lenguaje llano con el propósito de llevar al ánimo del lector todos los datos para la más completa información. El estudio de las áreas culturales constituye la sección más medulosa e importante del libro, el cual termina con una fino análisis, algo inductivo pero juicioso, que lo tituló como "El tiempo prehispánico de Venezuela hoy", en donde enumera con talento lo que sigue vivo en nuestros días proveniente de los tiempos anteriores a la presencia española en el suelo Venezolano. 

Si el país actual es el resultado del mestizaje de tres pueblos: el europeo, el indio y el africano, algún día se esclarecerá la porción que corresponde a cada elemento de fusión. Hay constancias objetivas que se pueden invocar con seguridad, y así lo hace el profesor Strauss, pero es más difícil precisar en el carácter y las reacciones espirituales de la Venezuela actual, lo que puede atribuirse a cada factor originario.


Tal es el contenido de este hermoso libro que se lee con extremado gusto y provecho. La historia se reconstruye a través de documentos no-tradicionales, porque no hay documentos anteriores a la llegada de Colón, tal como lo confiesa Strauss en la valiosa Introducción a su obra: "Breve exposición acerca de nuestro tiempo prehispánico, del que se ofrece más que un análisis exhaustivo, un perfil cultural general de lo que actualmente es el territorio venezolano para el momento en que se produce la llegada conquistadora-pobladora de españoles que entendemos como un momento de encuentro mutuo con lo nuevo". Realmente, la fusión de pueblos distintos con el resultado de una nueva entidad es de difícil análisis, cuando se pretende fijar los exactos límites de cada ingrediente, aunque ha de reconocerse que está vivo en las nuevas sociedades. Aún el resultado final no es de sencilla catalogación, como lo expresaba Bolívar en la Carta de Jamaica: "Somos un pequeño género humano", perplejidad que dicha en 1813, era reiterada por el propio Libertador en 1819, en el Discurso de Angostura: "No somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles". Y no olvidaba ciertamente el aporte africano.

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La metodología empleada por el profesor Strauss me parece perfecta. Echa mano de la bibliografía existente sobre el tema y utiliza con perfecto dominio las referencias que los investigadores y maestros del tema han acumulado. Cita y reconoce a cada autor lo que le corresponde, como es de ley. Creo, también, que el uso sensato y prudente que los textos de cronistas del siglo XVI, XVII, XVIII señalan como rasgos y vivencias del mundo indígena, son sin duda, constancias tradicionales que pueden situarse en época prehispánica, pues los pueblos se adhieren a lo que es propio y privativo y no aceptan fácilmente nuevos usos y costumbres. Incluso en este final del siglo XX, cuando se vive a velocidad de vértigo, aunque las modas transmitidas por los medios de información son terriblemente destructoras o perturbadoras, no borran totalmente lo que pertenece a la intimidad del alma, aunque lo desfiguren. Por tanto lo que registran las crónicas puede puede aceptarse, casi como si fuesen un testigo de los días prehispánicos. Strauss lo mira con previsiva discreción y cautela, con excelente razonamiento como lo cuenta en la referida Introducción del libro.

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Creemos que el presente libro cumple a cabalidad el cometido que se le encomendó al profesor Rafael Strauss. Nos da la relación de lo que se conoce como el tiempo prehispánico de Venezuela: razas o pueblos, costumbres, modos de vida, manifestaciones de cultura, hábitos de las comunidades, creencias y supersticiones, etc. en su exacta definición. Desde luego, no admite comparación el nivel social alcanzado en Venezuela respecto a los pueblos existentes a fines del siglo XV en la vertiente andina que mira hacia el Océano Pacífico: México, Centro América, el Perú, donde se habrían construido imperios que nos han dejado monumentos y culturas que acaso no tenían parangón en los propios estados europeos coetáneos. 

La finalidad eminente de esta obra se ciñe a entregar a sus lectores una información homogénea de la verdad histórica, elaborada con perfecto conocimiento del tema para los lectores y estudiosos del pasado nacional; con sujeción estricta a la verdad que la investigación ha establecido. Es algo más que un simple manual de datos, porque el profesor Strauss con su dilatada experiencia de educador nos proporciona su texto para comprender cómo era a fines del siglo XV esta entidad a la que servimos entrañablemente, que se llama Venezuela.

Ojalá hayamos acertado en la realización de nuestros fines.


Pedro Grases /Caracas, julio 1992

Venezuela y lo indio, en pasado y presente…©, por Rafael A. Strauss K.

Venezuela y lo indio, en pasado y presente…©, por Rafael A. Strauss K./Escuela de Historia-UCV

Recientemente, estuve reflexionando en las páginas de tres diarios y en una ponencia, acerca de la percepción que el venezolano ha tenido y tiene de su pasado; de cómo nos vinculamos con él y, en general, qué lectura se hace de su pasado en Venezuela… Orienté buena parte de mis consideraciones a reflexionar acerca de la percepción de lo indio, a propósito de una entrevista sobre la llevada de Guacaipuro o Guaicaipuro al Panteón Nacional, por un lado, y por el otro, dos artículos que titulé “El pasado es vivencia” y “Por qué los indios…” Y en la ponencia, sinteticé mi apreciación personal sobre el escultor indigenista Alejandro Colina, destacando su obra como fuente antropológica e histórica… [Me refiero a mis trabajos: “El pasado es vivencia”, en Verbigracia, Nº 1, Año V, p. 1, El Universal, Caracas, 6.10.2001 y “Por qué los indios…”, en TalCual, Caracas, 11.10.2001, p. 13. La entrevista está en “La historia como caja de resonancia ideológica”, de Alfredo Meza, en El Nacional, Caracas, 22.7.2001, Siete Días. La ponencia fue publicada en Revista Nacional de Cultura, Año LXIII, No. 323, Caracas, con el título “La obra de Alejandro Colina, fuente antropológica e histórica”, pp. 187-189. Todos están en mis blogs]

Estas reflexiones recientes no distan mucho de las que en esta misma línea he desarrollado tanto en mis clases de pregrado y postgrado como en ocasiones semejantes a este evento, y es que parece evidente que en Venezuela, desde muy temprano, se generó hacia el indio y su cultura un desprecio que se fue generalizando hasta enraizarse… Tal y como en fácil demostrarlo por los miles de testimonios que existen publicados y en los archivos, es claro que desde nuestro tiempo colonial al indio se lo mantuvo dentro de las pautas de lo que entendemos como un doble discurso, es decir, que al mismo tiempo que se le acogía se le rechazaba… Algo así como invitarlos al cielo pero pasando primero por el infierno, según escribí recientemente.

Esta situación, en realidad, no ha cambiado; todo lo contrario: se ha recrudecido de una manera molesta, que obliga a preguntarse por qué se fue generando en el venezolano un desprecio hacia el indio y su cultura… Es ya un lugar común, por ejemplo, que cuando por cualquier medio de comunicación se aborda la situación actual del indígena en Venezuela, o se alude a ella, tienden a destacarse los aspectos que lo problematizan en lo socioeconómico y en sus relaciones con la sociedad nacional y, por supuesto, tienden a transmitirse imágenes que incitan a la lástima… No estamos tras la idea, por supuesto, de una consideración paradisíaca, al estilo del “buen salvaje”, pues al fin y al cabo, las comunidades indias de Venezuela sufren el abandono del que han sido objeto en lo económico, lo sanitario, lo educacional…, y son seres humanos; sólo que a esa tradicional desidia se suma el desconocimiento generalizado por los mismos venezolanos de las características reales de nuestras comunidades indígenas, tanto en su pasado como en su presente…

Nos preguntamos, por ejemplo, si una de las causas del desconocimiento no estará en el hecho de que quienes incorporaron lo indio a sus reflexiones venezolanistas lo hicieron sólo como objeto de estudio, de tal forma que la reflexión sobre aspectos de la cultura indígena de Venezuela no ha contribuido, en definitiva, a implantar en el imaginario del venezolano el necesario sentimiento por esa porción de humanidad que nos habita desde siempre… En todo caso, no es esta la ocasión para referirnos al momento y las circunstancias en que particularmente en América se delimitaron las áreas de interés de algunas de las ciencias sociales… Sí me parece acertado recordar que en la marcada ausencia de lo indígena -y de lo negro- en nuestra interioridad venezolana, ha terminado por subyacer una de las convicciones que se tuvo para la fundación del nuevo Estado, entre 1830 y 1847, y de la que Pino Iturrieta, en un aparte que titula “La mirada hacia fuera”, escribe: “Ningún testimonio de la época hace referencia a los valores autóctonos, como posibilidad de construir el proyecto por asimilación de lo oriundo; ni descubre la entidad de la concurrencia africana en la conformación de una personalidad común.” [Elías Pino Iturrieta. Las ideas de los primeros venezolanos, Monte Avila Editores Latinoamericana, Caracas, 1993, pp. 31-32.]

Es indudable, que una somera revisión de la bibliografía, hemerografía y otras fuentes sobre el indígena en Venezuela arroja resultados impresionantes, pero es indudable, asimismo, que una revisión del sentimiento del venezolano hacia el indio de aquí y, en general, hacia el indio de América, arroja resultados que, por decir lo menos, son preocupantes… Me estoy refiriendo, de hecho, al viejo asunto del papel del intelectual en la sociedad y al viejo problema del destino y utilidad de sus trabajos… ¿Es esto pragmatismo? Es posible. Me parece indudable que esta consideración tiene mucho que ver con el resquebrajamiento de la mayoría de los paradigmas dentro de cuya estructura y funcionamiento hemos venido actuando desde hace mucho tiempo.

Pero, ninguna sociedad, ningún ser humano, pueden vivir sin paradigmas y desde esta perspectiva es que afirmo que no estoy despreciando, ni es posible planteárselo siquiera, los aportes que para conocer al indio de Venezuela, su historia y su cultura han salido de nuestras universidades, de otras instituciones, de eventos como éste, de individualidades… Lo que no deja de preocuparme es que al desconocimiento y menosprecio generalizados que existe en el común de los venezolanos por el indio, se suma una suerte de rechazo por nuestro pasado… No soy novedoso al afirmar que el venezolano pareciera despreciar su pasado, avergonzarse de él; sentirse incómodo, inclusive, ante la sola mención o posibilidad de abordarlo. Al parecer, no hemos sido diseñados para entender nuestro pasado, y me pregunto, entonces, que tan diseñados estamos para perfilar nuestro futuro.

En cuanto a esto, vuelvo a recordar mi preocupación sobre que los productos de la investigación en historia apenas se han introducido de manera idónea en el venezolano. Deseo aclarar y ser más específico. Cuando afirmo estas cosas en ningún momento estoy incentivando la idea de que la reflexión histórica -y las de otras disciplinas- deban acoplarse al alto grado de ignorancia y al analfabetismo generalizados que han terminado por caracterizar a un segmento significativo de los venezolanos… Estoy sugiriendo, sí, que dentro de lo que expresa la conocida máxima de que a grandes problemas grandes soluciones, procuremos conseguir, en efecto, grandes soluciones… Y el desconocimiento, el temor por el pasado, la ignorancia, el analfabetismo…, son apenas algunos de los grandes problemas que aún tenemos los venezolanos…

Recientemente afirmé que en Venezuela pareciera sufrirse de lo que en antropología denominamos complejo étnico; es decir, que es casi un axioma que al venezolano le cuesta identificarse con su pasado porque en él parece que ve más fracasos que aciertos… O, en todo caso, ha prevalecido en la interpretación del pasado un rechazo insospechado, uno de cuyos resultados pareciera ser que nuestro pasado no nos pertenece, no es mío, no es nuestro… Cuando el venezolano interroga su pasado como nación, lo que suele encontrar es una ristra de acontecimientos políticos con los que apenas o nada se identifica o, en todo caso, que esconde… Y cuando intenta soslayar “lo político” y procura indagar sobre otros aspectos de la cultura, lo que suele encontrar es un escenario constituido por vacíos, particularmente cuando compara lo que se tiene como el pasado de Venezuela con el de otras latitudes…

Y en esta comparación, lo indio ha llevado la peor parte… ¿Que en Venezuela no tenemos pirámides y otras maravillas y monumentos aborígenes que exhibir? No importa, porque tenemos a las personas indias, orgullosas, además, de su procedencia, y eso es más que suficiente… Gente que en materia de vinculación con la naturaleza -probablemente el espacio ideal para el futuro- puede darnos lecciones de convivencia; gente, además, que exhibió su natural inteligencia para aprovechar en la mejor economía de esfuerzo concebida, las generosidades de su entorno, de tal manera que su carencia de agricultura, por ejemplo, no tiene por que ser categoría cuya aplicación los descalifica ante esquemas evolutivos que, en esencia, están cargados de etnocentrismo… Gentes que afinaron la memoria para el registro de su experiencia como pueblo, como sociedad, poniendo en práctica una oralidad tan válida como otra fuente histórica… Indios, en fin, que además de personas, son descendientes de quienes primero habitaron nuestro actual territorio y este hecho tiene que ser un privilegio que de manera especial nuestra historiografía está en la obligación de revalorizar para, entre otras cosas, incorporar al sentimiento del venezolano un apego crítico y amor por su pasado y, como parte importante de él, apego, amor y comprensión por el indio…

Y a propósito de esto no puedo dejar de afirmar, como lo hiciera recientemente, que si hay alguien ávido de saber de historia, es el venezolano… Y me pregunto qué tan capaz ha sido nuestro sistema educativo, particularmente el que comenzó a perfilarse desde los inicios de la pasada década de los ochenta, para atender a esa evidente avidez; me pregunto asimismo acerca del destino de los grandes trabajos de lingüistas, de literatos, de etnohistoriadores, de historiadores, de antropólogos, de artistas plásticos…, que han tomado lo indio de Venezuela como materia central de sus preocupaciones. Se me viene a la mente aquella reflexión poética de Lord Byron, que cito de memoria: "Augusta Atenas, ¿dónde están tus grandes hombres desaparecidos?. Centelleando vagamente a través del sueño de las cosas que han sido, primeros en la carrera que conducía al fin: la Gloria. Han ganado, han pasado. ¿Es eso todo? ¡Un cuento para colegiales, el asombro de una hora!"

El venezolano, como todo ser humano, desea saber… Cuando gente consciente del valor educativo de la televisión reclama mejoras en la programación, lo que está sugiriendo es que los canales dispongan de más programas de esos que se denominan culturales… Y no es difícil entender lo que se está solicitando… Habría que preguntarse, por ejemplo, en qué radica el éxito sostenido de Vale TV… Y tendríamos que preguntarnos, asimismo, por qué los participantes de ese maravilloso programa de RCTV ¿Quién quiere ser millonario? tienden a fallar notoriamente en preguntas sobre historia de Venezuela o sobre nuestra cultura popular tradicional… Por distintas razones, ahora más que antes se aprecia un preocupante desconocimiento de lo que históricamente nos pertenece…

Tantos siglos discriminando al indio han horadado los sentimientos nacionales en prácticamente todo el espacio americano… Y en Venezuela, que no es excepción, no hemos sido amigos de los indios… y deberíamos serlo, tanto de los de ahora como de los que la historiografía blanca predominante -por darle algún nombre a la crónica que se genera en nuestro tiempo colonial y a una buena parte de las obras de carácter histórico posteriores- les cercenó en la tinta los pareceres e ignorando la estructuración y el funcionamiento de sus culturas, los tildó de flojos, de manganzones, de estorbo…, a pesar del aporte que aun dentro del atropello del que fueron objeto -al igual que los esclavos negros- se metieron en los intersticios más sensibles de nuestra nacionalidad.

Recientemente destacábamos la idea de que el indio no sólo debe conjugarse en pasado, sino también en presente y en futuro, como todo pueblo, como toda etnia, como todo grupo humano… Quienes así lo han hecho terminan por tener y fortalecer una percepción de sí mismos -que luce más auténtica-, como individuos, como naciones…, con pocas deudas y mucha disponibilidad para el afecto y para el futuro…

Pareciera, sin embargo, que soplan brisas nuevas que están aventando, entre otras cosas, una preocupación por afinar viajes más frecuentes a nuestro pasado… Pareciera existir en el venezolano reciente un interés particular por penetrar su sido para ver de comprender su siendo… Tanto para apoyar como para rebatir peregrinas afirmaciones que han venido enmarcando lo que hoy se conoce como el proceso, instituciones e individuos, profesionales o no, han tenido que ir críticamente a nuestro ayer para buscar explicaciones, lo cual se refleja públicamente de manera particular en la prensa nacional y regional, en programas de radio y de televisión y en páginas de la Internet. Y no se indaga solamente sobre lo político, sino que la manifiesta necesidad de saber de nuestro pasado orienta la pesquisa hacia otros contenidos del pasado de nuestra cultura.

Es probable que estemos en proceso de dejar de ser un pueblo temeroso de su memoria histórica, de su historia, de su pasado…, de tal manera que este momento debería ser idóneo para que se dé a conocer -según la realidad del desinterés generalizado que hay en nuestro país por la historia- la obra de nuestros grandes pensadores, porque siempre que en Venezuela se hable de justicia social, de respeto por los otros, de arraigo, de hermosos sentimientos sin límites por lo que nos pertenece…, se estará hablando, entre muchos otros, de Lisandro Alvarado, Gilberto Antolinez, Augusto Mijares, Andrés Eloy Blanco, Mario Briceño Iragorry, Mariano Picón Salas, Miguel Acosta Saignes, Angelina Lemmo, José Ignacio Cabrujas, Alejandro Colina y, por supuesto, de Julio César Salas…, por no mencionar a quienes están en proceso de consagrarse. Pero no dar a conocer a esas gentes en los términos en que suele hacerse, que es reproducir obras completas, bautizarlas en rimbombante acto para que luego desaparezcan, lo que hace que el desconocimiento sobre nosotros duela mucho más por persistente.

Tengo la impresión de que, entre algunos otros medios impresos, El Nacional ha abierto una línea de difusión que no es despreciable, semejante a aquellas ediciones llamadas populares que asumieron en su momento Pedro Grases y la Fundación Eugenio Mendoza o un Ministerio de Educación que respetaba al venezolano y, por supuesto, al país. Esas ediciones circulaban -hasta donde sabemos, en todo el país- de una manera prometedora, porque dio resultados positivos visibles, desde la editorial a los padres y maestros y desde éstos a los hijos y estudiantes. Está pasando ahora y debe seguir pasando, por favor…

Deseo finalizar estos comentarios sobre lo indio de Venezuela en pasado y presente, llamando la atención sobre tres puntos que tienen carácter de propuesta:

1. Lo indígena es uno de los contenidos de nuestra historia, cuyo pasado y presente aún tienen validez, entre otras razones, porque muchos de sus descendientes conviven con nosotros y son seres humanos.

2. Quizá sea en la comprensión científica de la permanencia de lo indígena en los períodos siguientes al tiempo prehispánico, donde se descubran aspectos que la arqueología y los cronistas no han podido decirnos. Un análisis en esta línea significa no sólo un acto de justicia, sino corregir una falla de nuestra historiografía. Hemos comprobado hasta el momento que la documentación de archivo y la revisión con otras lentes de la información de los cronistas ofrecen serias posibilidades en este sentido.

3. Si revisamos críticamente la política indigenista venezolana creo que el resultado es negativo, entre otras razones porque muy pocas veces el indígena mismo ha participado en el diseño de su propio destino. En los últimos años, sin embargo, ha habido aires de cambio significativo: varios indígenas venezolanos han tenido oportunidad de asumir las bondades de la historia y de la antropología como disciplinas; muchos misioneros y otras agrupaciones han echado bases como para propiciar respeto a las culturas indígenas contemporáneas y muchos antropólogos, historiadores y funcionarios del Estado han venido entendiendo la necesidad de trabajar conjuntamente, para aplicar una política indigenista humanizada. Cada vez son más verdad las palabras de Jean Mari Auzías de que "podemos considerar que todos los hombres no piensan de la misma manera [y que] veremos en realidad que no piensan en las mismas cosas"; o aquel mensaje de la revista Sic, en 1980, de que "Un pueblo civilizado es el que sabe hacer su vida y la hace…" ["Nuestras contradicciones y los indios". Editorial. SIC, Nº 422, febrero de 1980, Caracas, p. 54.]

Notas: 

1) Tierra Firme - Venezuela y lo indio, en pasado y presente ... www2.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0798...lng=es... 
Rafael A. Strauss K. Universidad Central de Venezuela, Caracas, Venezuela. Resumen: Es indudable, que una somera revisión de la bibliografía, hemerografía. 2) Tierra Firme - Julio César Salas, en pasado y presente www2.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid... ... El III coloquio se efectuó en Caracas, en el año 2001, en la Universidad Central de Venezuela en el marco del LXIII aniversario de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, con el apoyo del Ateneo de Caracas, el CONAC y el Archivo General de la Nación. /// En aquella oportunidad, los privilegiados oyentes pudimos disfrutar de las intervenciones y discusiones de altura de Esteban Emilio Mosonyi, Adelina Rodríguez Mirabal, Michel Mujica, Beatriz Bermúdez, Tulio Hernández, Catalina Banko, Antonio Tinoco, Kay Tarble, Rafael Strauss y Francisco Javier Pérez, entre los ponentes. El evento fue propicio para abrir un nuevo espacio con la exhibición del video de Beatriz Bermúdez, Amazonas, territorio y derechos indígenas (1999). […] La vigencia de los análisis, las hipótesis, los planteamientos, en general, de Salas, se ponen de manifiesto a lo largo de este número, como lo demuestra Rafael Strauss4 en su trabajo Venezuela y lo indio, en pasado y presente…; ya sólo con el título, este etno-historiador nos enfila hacia uno de los temas de reflexión de Salas “la percepción de lo indio”, como nos dice Strauss, para la conformación de un proyecto de identidad nacional. En Tierra Firme /// Print version ISSN 0798-2968 /// TF vol. 24 no. 93 Caracas Jan. 2006 /// Presentación /// Otilia Rosas González.