jueves, 22 de diciembre de 2016

Antropología, historia y mentalidad: el cambio y el no cambio, por Rafael Antonio Strauss K.©

Antropología, Historia y Mentalidad y el cambio y el no–cambio en la cultura popular tradicional, por Rafael A. Strauss K./UCV
“Antropología, historia y mentalidad: el cambio y el no cambio”©. Ponencia presentada por Rafael A. Strauss K./UCV en Venezuela: Tradición en la Modernidad. Simposio sobre Cultura Popular, Universidad Simón Bolívar-Fundación Bigott, Caracas, 1998. Participación prevista en la Mesa 2: Acercamiento teórico y metodológico a la Cultura Popular, moderada por Javier Lasarte. Publicada en el libro: Venezuela: Tradición en la Modernidad. Primer Simposio sobre Cultura Popular, Universidad Simón Bolívar-Fundación Bigott, Caracas, 1998, pp. 135-147.
Como aporte a la discusión que nos ha reunido en esta mesa de trabajo y al espíritu general de este Simposio, nos parece útil arrimar algunas de las consideraciones que hemos hecho en relación a la manera en que se ha asumido en Venezuela el estudio de la cultura popular. Quizá valga la pena una suerte de recuento histórico, principalmente en lo conceptual y lo metodológico, porque nos parece que un elemento que ha sido ignorado, es la importancia, significación y aportes de la disciplina histórica, preocupación que siempre hemos tenido, y que tangencialmente retomamos a propósito del Diccionario y Noticias de Cultura Popular Tradicional de Venezuela, proyecto que nos está patrocinando la Fundación Bigott y que se encuentra en estos momentos en su etapa de redacción definitiva.
Una de nuestra preocupaciones ante el cúmulo de información que hemos recabado fue la de encontrar una manera de percibir el cambio en una cultura tradicional y cómo incorporar el dato concreto al contenido o caracterización de la voz correspondiente, en un momento dado. Por las características mismas del mencionado Diccionario y Noticias –la de informar– desechamos el problema del cambio como preocupación nodal, pero a la luz de los objetivos del presente Simposio nos pareció interesante, y posiblemente enriquecedor, traer a este escenario algunas de las reflexiones que hicimos al respecto. Ante la pregunta de si cambia la cultura tradicional, la respuesta fue afirmativa; pero visualizábamos la idea de que la lentitud del cambio parece no alterar la esencia de esa cultura, lo que permitiría reconocer en su estructura, historia y características de sus expresiones buena parte de nuestra mentalidad, amén del proceso mismo de cambio, idea esta que no deja de ser interesante.
En una breve revisión de la interpretación dada en Venezuela a los términos folklore y cultura popular, en los ámbitos académico, institucional y socio-organizativo, podrían hacerse dos cortes cronológicos: uno que se iniciaría en el siglo XIX y concluiría hacia 1970 y otro desde 1970 hasta 1989 o la década de los noventa. Por supuesto que no perseguimos con este punto la construcción de un discurso acabado sobre la conceptualización y terminología utilizadas en Venezuela para abordar "lo popular venezolano", cuyo estudio, análisis y síntesis aún están pendientes en nuestra ciencia social. Ello no significa, sin embargo, que no existan algunos ensayos que han aglutinado, sistematizado e interpretado históricamente un corpus de autores, obras y reflexiones acerca de lo popular y asuntos afines.[i] De tales ensayos podemos inferir una consideración general que, ubicando el problema en términos históricos, lo ha reducido, podríamos decir, a dos grandes lineamientos: 1) Desde finales del siglo XIX hasta la década de los 70, predomina la utilización del término folklore, acompañado por una serie de interesantes matices que se aprecian tanto en la producción literaria –costumbrismo, tradicionalismo y criollismo– como en la producción no literaria. 2) Desde principios de los 70 hasta nuestros días se da una especie de convivencia acrítica de los términos folklore y cultura popular, en la que básicamente ha predominado la utilización de este último. En el primer lineamiento subyacen elementos que permitirán configurar el debate conceptual que se desarrollará a partir de la década de los 70 y que aún está vigente. Dicho debate se fundamenta en una oposición entre los términos folklore, pueblo y cultura popular, básicamente, tal y como puede apreciarse en las siguientes definiciones, presentadas aquí grosso modo.
Teófilo Rodríguez, en 1885, concibe el folklore como un conjunto de preocupaciones y creencias tan generalmente arraigadas, tan cuidadosamente conservadas, que llegan por sí solas a formar una como historia especial... Y Arístides Rojas afirma que se trata del porqué popular de todas las cosas. Tulio López Ramírez, en 1945, incluye dentro de su idea de pueblo no sólo a los que llevan un vivir rural -que es la idea que subyace en la mayoría de las definiciones del momento- sino también a las clases bajas urbanas y a aquellas personas que poseen una cultura suficiente pero que en muchos de sus hechos mantienen un neto carácter tradicionalista... En 1947, Rafael Olivares Figueroa da a la palabra pueblo más que el sentido etimológico de la antigua lengua anglosajona folk o vulgo, el del latino populus, en su nata acepción, esto es, en cuanto comprende en sí todas las clases sociales; convencido de que el folklore no es privativo de un estrato social, sino que fluctúa, en proporción mayor o menor, en periódicas evoluciones, a través de todos... Y Lisandro Alvarado, cuyas Obras Completas se publicarán en 1953-1955, escribirá, dice, no para los sabios, sino para los hombres consagrados a las faenas agrícolas y pecuarias, alejados por lo común de toda fuente de información...[ii]
Juan Liscano, desde 1947, habla del conocimiento propio del pueblo. […] El conocimiento por comunión que tienen siempre determinados grupos humanos, en contraposición con el conocimiento por distinción... En su  obra Folklore y Cultura y en la crítica a la que es sometida por Ramón Losada Aldana, se perciben tres hechos significativos: 1) Por primera vez -hasta donde podemos afirmarlo- se vincula el estudio del folklore con el de la cultura; 2) se utiliza la expresión cultura popular. El tercero lo proporciona Losada Aldana en su reseña crítica al afirmar que El concepto de Folklore implica... que dondequiera que haya clases populares existirá aquél, como una manifestación de la participación desigual en la cultura.[iii]
Isabel Aretz, por su parte, escribe que Los hechos folklóricos, no importa su origen, tienen una individualidad inequívoca y forman un paquete cultural como los que se distinguen en Etnografía... Esta definición de la autora es una continuación de la que dio en 1957, cuando definía folklore como la cultura oral-tradicional que el pueblo recibe de sus mayores y que recrea de acuerdo con la dinámica social y con la mentalidad individual, utilizando el término pueblo en el sentido más amplio, de toda la gente.[iv]
Creemos que es Miguel Acosta Saignes quien en 1962 sienta bases reales del problema al establecer como sus antecedentes: 1) La vinculación real y objetiva del "folklore" y su estudio con la Etnología -y por ende con la antropología cultural- y no solamente con la Etnografía, como lo establecía Aretz y, 2) al sustentar su concepción de pueblo sobre bases socioeconómicas. Al cuestionar las apreciaciones de Aretz, Acosta Saignes apunta que pueblo no es 'toda la gente' sino el sector desposeído de toda esa gente, y escribe que folklore es el conjunto de los bienes culturales propios de los sectores económicamente inferiores en las sociedades civilizadas.[v]
Los primeros años de la década de los 70 encuentran una significativa acumulación de insumos de corte conceptual y contenido polémico potencial acerca de la terminología con la que "lo popular" venía siendo calificado. En las instituciones oficiales encargadas de abordar "lo folklórico" -Instituto Nacional de Folklore, Instituto Interamericano de Etnomusicología y Folklore-Cefortec y Museo Nacional de Folklore- se conformará uno de los polos del debate, que realmente comenzó a perfilarse hacia los últimos años de la década de los 40 y que a principios de los 70 adquiere el perfil de una discusión en la que podrían sobresacarse: un polo conformado por lo que se visualizó como cultura oficial, al que se contrapuso el de cultura popular tradicional o, más genéricamente, cultura popular. Con esta expresión se intentaba señalar, en esencia: 1) las manifestaciones culturales del pueblo venezolano, así como el "estudio" que de ellas se hizo, y que antes se ubicaban dentro del folklore y, 2) una manera de diferenciarse de la concepción y metodología "oficiales" –particularmente por aquellas agrupaciones de investigación y proyección de la cultura popular que surgieron o se fortalecieron a partir de 1976 o inicio de lo que hemos denominado período del boom– y una manera de insertar sus trabajos principalmente dentro de los parámetros de la antropología. Este primer deslinde, que comienza por un mero deseo diferenciador, va a proporcionar beneficiosos insumos y a propiciar excelentes resultados en cuanto a la profundización de un debate que como discusión más o menos abierta, se prolonga por lo menos hasta 1986.
Tal profundización llamó la atención, principalmente sobre dos puntos: la evidencia de que, con contadas excepciones, nuestra cultura popular sólo había sido descrita y escasamente analizada –dentro de una visión folklorizante de la cultura del pueblo– lo que producía la falta de un corpus que facilitara sobre todo su enseñanza. Esta situación hacía que la cultura popular fuese visualizada, entre otras cosas, como atraso y hasta como una parte molesta de la 'cultura venezolana', fortaleciéndose la vieja idea de la ubicación de los sectores populares inmersos en el "progreso de la sociedad industrializada y capitalista", idea que para muchos ha seguido vigente tanto en las estrategias de sus trabajos como en sus consideraciones. Otro de los puntos visualizados representó una firme respuesta a un problema que fue planteado de manera contundente, sobre todo desde el sector universitario: el abordaje científico de nuestra cultura popular, sólo que tal abordaje ni se hizo ni se está haciendo de manera interdisciplinaria, y se ha caracterizado por ser un trabajo con base científica pero personal y grupal y hasta institucional público y privado, pero desvinculados entre sí.
Es posible apreciar esta situación recordando, por ejemplo, que a lo largo de la década del 70 y hasta bien entrados los 80, ocurren varios hechos que van a ser respuestas críticas, pero desconectadas entre sí, al estancamiento que caracterizaba a los estudios de la cultura popular venezolana.[vi] En 1979 Miguel Otero Silva escribía, por ejemplo, que el folklore se ha circunscrito a su condición de materia de estudio [...] Nosotros creemos firmemente que, en tanto los museos, las bibliotecas, las orquestas, la radio, la televisión, el cine, el teatro y el folklore existan al margen del pueblo, de los barrios, de la provincia, en tanto no se le adjudique al pueblo su papel creador, nuestros organismos estatales de cultura no sobrepasarán los límites burocráticos ni dejarán de desenvolverse como estériles laboratorios...[vii] Y una muestra de aquellos hechos puede ser iniciada con el reporte del Congreso Cultural de Cabimas, Zulia, en diciembre de 1970, cuya temática si bien no se refirió específicamente a lo folklórico abordó en ponencias y resoluciones la situación social, económica, política y cultural, lo que suministró elementos que años después se retomarían en una discusión todavía vigente, sobre cultura popular en general y sobre cultura popular venezolana en particular. En mayo de 1976 un grupo de personas constituimos la agrupación Un Solo Pueblo, cuyo trabajo, así como el inmediatamente posterior de otras agrupaciones musicales, ampliamente conocido, merecería, por sus características, espacio especial. En junio de 1976 se celebra en Tovar, Mérida, el Primer Encuentro de Organismos y Trabajadores de la Cultura del Occidente del País; en diciembre de 1977, se celebró en Barquisimeto, Lara, el Encuentro por la Defensa Nacional de la Cultura "Aquiles Nazoa", cuya célebre frase Creo en los Poderes Creadores del Pueblo va a fungir de guía y de lema en éste y en otros eventos, entre los que destacan el Encuentro de Calabozo, Guárico, y el Encuentro Nacional Estudiantil y de Trabajadores, celebrado en Mérida del 1 al 4 de junio de 1978. En mayo de este mismo año se da en el Zulia el Encuentro de Maracaibo y en el mes de junio se instalan en Barquisimeto las Primeras Jornadas Nacionales de Antropología Crítica. El 17 de julio de 1979 se inaugura, en Caracas, la Primera Jornada sobre El Indígena y la Identidad Nacional. En abril de 1980, en un acto de calle celebrado en Caracas (Sabana Grande) se da a conocer la Fundación Nacional de la Cultura Popular. Hacia finales de mayo de 1981 se anuncia la celebración de las Jornadas de la Cultura Negra; para noviembre de ese mismo año, el Festival de la Otra Cultura, en Caracas (Parque del Este), y ese mismo mes se celebra el Primer Seminario de Promoción Cultural y Comunicación Alternativa.[viii]
El 15 de mayo de 1982 se inauguran oficialmente los Talleres de Cultura Popular de la Fundación Bigott, única injerencia efectiva, y permanente, de la empresa privada en el escenario de la cultura popular venezolana. Los Encuentros Nacionales de Animadores Culturales-Plan Sebucán y el Primer Congreso Interamericano de Etnomusicología y Folklore fueron los únicos eventos -hasta donde es posible saberlo- organizados por las instituciones oficiales encargadas del estudio del folklore. Ambos eventos ocurren en 1983 y su importancia para esta breve ejemplificación estriba en que la tendencia de la mayoría de las ponencias -particularmente en el encuentro interamericano- van a destacar la característica marcadamente descriptiva de los estudios del folklore y el eventismo en el que continuaba lo que los sectores renovadores calificábamos como Cultura Popular Oficial.
Es posible que la carga sarcástica con la que indirecta o directamente fue manejada esta expresión y el espacio que comienza a ocupar lo que se proponía como cultura popular, hayan sido causas para que el Consejo Nacional de la Cultura, creara el 20 de junio de 1985 la Comisión Reestructuradora de los organismos oficialmente encargados de abordar el folklore venezolano. Esta Comisión, constituida por Erika Wagner, José M. Cruxent y Rafael Strauss, presentó un proyecto para la creación del Centro para el Estudio de las Artes y Tradiciones Populares, cuya novedosa estructura fue extrañamente replanteada bajo los caducos esquemas folklorizantes de la cultura popular y rebautizada como Centro de las Culturas Populares y Tradicionales. Todo este acontecer se reflejó, sobre todo, en la prensa y revistas nacionales y regionales, material hemerográfico que recogió de manera bastante fidedigna el debate folklore vs cultura popular, participación socio-organizativa, del Estado, de la empresa privada, de las universidades en el área de lo que dichas fuentes identificaron como cultura popular. Este material hemerográfico, que aparece disperso, actualmente lo estamos procesando, sistematizando y analizando en la Universidad Central de Venezuela, como parte del Diccionario y Noticias mencionado, para tranquilidad de una parte de la historia de nuestra cultura popular.
Esta es, brevemente, una visión del debate folklore vs cultura popular y del tratamiento académico, institucional y socio-organizativo dado a la cultura popular venezolana hasta nuestros días. Han continuado celebrándose eventos vinculados de manera directa, los menos, o indirecta, los más, con el área de la cultura popular. Desafortunadamente, han seguido siendo eventos aislados, con una escasa capacidad de convocatoria, de proyección e inserción social excepto dentro de círculos más bien reducidos. Continúa la inexistencia de un proyecto cohesionador de la experiencia histórica del movimiento renovador de apoyo a la cultura popular venezolana; un proyecto incentivador que retome las novedosas propuestas que quedaron pendientes, planteadas, y de las cuales apenas existen registros. Es posible que este Simposio y el continuado y serio trabajo que ha venido realizando la Fundación Bigott, sean motivaciones suficientes para reemprender, quizá por última vez, un interés por nuestra cultura popular. Auspiciados por la mencionada Fundación, como dijimos, hemos venido realizando un trabajo de síntesis del acontecer cultural de nuestro segmento popular, como una manera de darle piso a una discusión posiblemente más profunda y prometedora.
Lo que se está planteando, de hecho, es el destino de nuestra tradición popular en la Venezuela contemporánea y más particularmente, en lo que respecta a una modernidad, que según González Febre, sería "vivir según una razón que se supone universal"[ix] y en donde se genera una suerte de racionalidad económica y técnica que perfilaría una vida o la vida en función de lo material. Esta actitud ha generado o fortalecido una preocupación acerca del lugar y el destino de los valores no materiales de la cultura, máxime cuando lo geográfico, lo demográfico, lo tecnológico, entre otros, han generado parámetros con los que se califica a las sociedades en tradicionales o en modernas. Vemos como positivo, por ser un elemento metodológicamente prometedor, la superación de aquella actitud que sugería, o lo expresaba de manera manifiesta, que la tradición y lo tradicional eran competencia de la antropología, en tanto que lo moderno y lo modernizante lo eran de la sociología, paradigma que si bien en sus primeros tiempos sirvió para delimitar necesarios campos de competencia de ambas disciplinas y para detectar áreas real o virtualmente problemáticas, fue utilizado, sobre todo en la práctica, de manera estática y los resultados que produjo no fueron los deseables. Creemos verlo en Venezuela en lo que a la investigación de nuestra cultura popular tradicional se refiere. Problemas también hubo en lo que atañe a las relaciones entre la antropología y la historia y entre ésta y la sociología: tardó algún tiempo para que antropología e historia, principalmente, se vincularan en el objetivo común de comprender al hombre, hacedor de cultura y ser histórico por naturaleza y por definición, surgiendo entonces la Etnohistoria como una alternativa metodológica idónea, y uno de sus escenarios de interés pensamos que estaría dirigido a conocer, comprender y medir las tensiones que produce la convivencia de lo tradicional y lo moderno. Y esto es ya un insumo significativo y esencial para entender las características de esta situación, tan antigua y tan particular.
Decimos antigua porque no escapa a ninguna consideración empírica o científica el que la cultura cambia, y que el cambio se produce por diferentes elementos, tanto internos del grupo como externos a él. Así, ninguna cultura permanece estática pues parte de su naturaleza es el cambio al que está permanentemente sometida. Varía, en todo caso, la frecuencia y la intensidad del cambio social, que en palabras de W. Moore asumimos como la "Alteración apreciable de las estructuras sociales (los patrones o pautas de acción e interacción social), incluidas las consecuencias y manifestaciones de esas estructuras que se encuentran incorporadas a las normas (reglas de comportamiento), a los valores y a los productos y símbolos culturales".[x]
Creemos que la aprehensión de la cultura popular de Venezuela, con muy contadas excepciones, no se ha asumido con una óptica diacrónica, de proceso, y que antropológicamente se la ha abordado en la instancia meramente etnográfica o descriptiva. Cuando miramos el cambio, no asumimos posturas de desesperación por una pérdida, ni como una derrota, ni como una batalla ganada por el progreso, entendiendo progreso como "un movimiento en dirección a un fin u objetivo deseados y reconocidos".[xi]  Cuando asumimos el cambio desde la perspectiva de la historia, afloran la realidad del cambio mismo en la cultura, pero debería aflorar, además, la explicación de la existencia misma de la cultura popular, su formación, sus características generales y particulares y la manera o maneras de preservarla, no como objeto muerto de museo sino como demostración viva de la capacidad creadora de un pueblo concreto que, entre otras cosas, es también capaz de cambiar, de asumir el cambio y de continuar creando según las pautas de su creatividad. En el establecimiento de estas pautas es donde visualizamos tanto la importancia de la historia como la necesidad de que se elabore una síntesis de nuestra cultura popular tradicional. Ello haría más viable la enseñanza y la difusión de las expresiones de dicha cultura.
Es posible, entonces, que incorporemos la tradición al cambio. Siendo la tradición un "Proceso–situación de naturaleza social en la que elementos del patrimonio cultural se transmiten de una generación a otra por medio del contacto de continuidad" y la tradición social "el producto de la transmisión de generación en generación por el lenguaje oral o escrito, aunque también por medio de ceremonias, de la idea, sentimientos y valores relacionados con la vida de un grupo"[xii], las transformaciones, los cambios en su cultura, tienen necesariamente que formar parte de esa transmisión. Lo preservable, entonces, debe ser, a nuestro modo de ver, la creatividad y la capacidad para la adaptación, tal y como nos lo ha dicho la etnohistoria para todas las sociedades estudiadas hasta el momento, en tanto que las creaciones o expresiones visibles de aquella creatividad pueden, y deben ser objeto de enseñanza como historia de la comunidad, de la localidad, de la región… y como piezas de un museo esperanzador que como tal se visualice como valiosa fuente. En este contexto la enseñanza de la tradición que fue o es debe convertirse en insumos para la recuperación. Algo de esto es lo que ha caracterizado el trabajo que hasta el momento ha realizado la Fundación Bigott en sus Talleres de Cultura Popular.
El cambio, creemos, no puede ser visto como una fuerza ante la cual no puede hacerse nada. Esta ha sido la actitud que hemos detectado en nuestra revisión de la manera en que se ha investigado nuestra cultura popular: una resignación por lo que dejó de ser para irse irremediablemente, pero los organismos oficiales encargados de nuestro folklore o cultura popular, apenas plantearon alternativas poco acertadas de preservación, si vemos los pobres resultados en apenas algunas de las áreas como la danza folklórica. Tendríamos que esperar hasta 1976, cuando fundamos la agrupación Un Solo Pueblo y hasta la creación de los Talleres de Cultura Popular de la Fundación Bigott, para medir otras posibilidades de preservación, difusión y enseñanza de la creatividad y las creaciones de nuestro pueblo.
Los resultados del llanto oficial por la pérdida se redujeron al simple rescate –cosa no desechable, por supuesto, pues recogieron hechos y noticias irrepetibles– pero no se contrapuso a lo inevitable del cambio un proyecto de permanencia de lo tradicional, particularmente en el sentido de que la tradición puede ser vista como una especie de alivio tanto para el individuo como para el grupo, como regulador y freno del cambio social. Lo tradicional no necesariamente tiene que ser las manifestaciones y otras formas culturales que existieron en algún momento, porque ello sería interponer una actitud romántica y utópica entre el cambio al que está sometida toda cultura como organismo vivo, y sería, además, un intento por obligar a que estructuras escasamente útiles permanezcan. Su infuncionalidad es ya una forma del cambio. No es posible obligar a la permanencia del pilón ante la existencia de la harina precocida para hacer las arepas y otros platos de la gastronomía típica, cuando el uso de esta harina liberó a las hacedoras de arepas del tiempo que antes empleaban en pilar y otras actividades… El problema comenzó a ser cómo conseguir la harina y qué hacer con ese tiempo libre. Al dejar de pilar, al dejar de moler caña, por mencionar sólo algunas actividades, fueron decayendo los hermosos cantos de trabajo; pero es conocida la experiencia de cantos colectivos en el trabajo de las modernas fábricas europeas y asiáticas de los años cincuenta o los cantos que se produjeron en los modernos centrales brasileños o usinas. Creemos que esta actitud envió el importante mensaje de la capacidad creadora y re–creadora del ser humano ante el cambio, a pesar de la resistencia natural que hacia éste suelen tener el ser humano y las sociedades.
Quizá sea interesante retomar como modelo de investigación de nuestra cultura, lo que propusimos como característica de la indagación, y posterior proyección, en el trabajo de la Agrupación Un Solo Pueblo y en el de agrupaciones que como Candela (Zulia), Luango (Yaracuy) y otras se nutrieron de aquella experiencia. Nos referimos no a la mera extracción de información para el informe de campo y la gloria y realización y reconocimiento personales, sino a la convivencia directa con los cultores en una relación más humana, como se ha venido haciendo en los Talleres de Cultura Popular de la Fundación Bigott y su política de proyección. Ante el trabajo según el viejo estilo uno siempre tiene la impresión de que asistían a la muerte de un moribundo sin llevar un aliento esperanzador, pero sí cargados de toda una enrevesada conceptualización, que apenas se comprendió alguna vez, y de cuya investidura especial y hasta discriminante sólo es rescatable el reporte y descripciones que hicieron de muchas de nuestras manifestaciones populares. Descripciones en las que eran especialistas y esto debe ser mejor aprovechado como material para una nueva concepción del rescate y difusión de nuestra creatividad y valores populares tradicionales, siempre en consonancia con los descendientes de quienes los crearon.
Principal material consultado
Acosta Saignes, Miguel; "Materiales para la historia del folklore en Venezuela". Archivos Venezolanos de Folklore, Nº 8, Instituto de Antropología e Historia, Facultad de Humanidades y Educación, UCV, Caracas, 1967, pp. 5-27.
Aretz, Isabel; Manual de folklore venezolano. [1ª edición]. Biblioteca Popular Venezolana, Ediciones del Ministerio de Educación. Dirección de Cultura y Bellas Artes. Caracas, 1957.
Castillo, Ocarina y González, Norma; "Algunas consideraciones en torno a la conceptualización de la cultura popular tradicional en Venezuela y su historia". Revista Inidef, 6, diciembre 1983, Caracas, pp. 67-73.
Diseño Operativo del Plan Bigott de Apoyo a la Cultura Popular. Informe Técnico presentado por el Instituto de Asesoramiento Educativo [Indase] a la Fundación Bigott. Responsable: Comité Ejecutivo de Indase: Iraida Manzanilla G. y John Dinan. Equipo Técnico: John Dinan y Rafael Strauss K. Equipo Operativo. María T. López, José Pérez, Nildhe Silva y Luis Ramos. [Caracas], noviembre 1990. 85 cuartillas multigrafiadas + 5 con el Organigrama y afines.
González Febre, Raúl; "Venezuela moderna". Sic, noviembre 1995, Caracas, p. 388.
Liscano, Juan; Folklore y cultura. Ensayos. 1ª ed. Editorial Ávila Gráfica (Colección Nuestra Tierra, 2). Caracas, 1950. 266 p.
López Ramírez, Tulio; "Estudio y perspectivas de nuestro folklore". Acta Venezolana, Vol. I, Nº 2, octubre-diciembre 1945, Caracas, pp. 199-200. En 1946, Tipografía Garrido, Caracas, 24 p., publica un sobretiro, que es reseñado por Juan Liscano [firmado: J. L.] en Revista Venezolana de Folklore, Tomo I, Nº 1, enero–junio 1947, Caracas, pp. 191-192.
Losada Aldana, Ramón; "Qué es la cultura" (I y II). Cruz del Sur, Nos. 21 (noviembre) y 22 (diciembre), Caracas, 1954.
Moore, Wilbert; "Cambio". Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales. Editorial Aguilar. Barcelona [España], 1975, Vol. 2, pp. 130–139.
Otero Silva, Miguel; Fracaso cultural del Estado venezolano. Texto completo de la polémica conferencia de Miguel Otero Silva, en el Foro "Qué pasa con la Cultura". El Nacional, Caracas, 12.11.1979, C1-C2 [Lo divide así: Introducción, La República, Después de Gómez y después de Pérez Jiménez, Sentido de una Cultura Popular]
Pratt–Firchild, Henry; Diccionario de Sociología. F.C.E. México, 1987.
"Resoluciones y Ponencias del Congreso Cultural de Cabimas". Reseña de Ricardo Herrero-Velarde [Firmado: R. H-V] en Sic, Nº 332, Caracas, 1971, p. 58 al trabajo homónimo en Trimestre Ideológico, enero-marzo 1971, Caracas.
Strauss K., Rafael A; "Folklore". Diccionario de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas, 1988, Tomo II, pp. 189-193.
Notas a pie de página



[i] Miguel Acosta Saignes; "Materiales para la historia del folklore en Venezuela", 1967, pp. 5-27; Ocarina Castillo y Norma González; "Algunas consideraciones en torno a la conceptualización de la cultura popular tradicional en Venezuela y su historia", diciembre 1983, pp. 67-73; Rafael Strauss K.; "Folklore", 1988, Tomo. II, pp. 189-193.
[ii] Citados por M. Acosta Saignes, en Op. Cit.
[iii] Ramón Losada Aldana; "Qué es la cultura" (I y II), 1954.
[iv] Isabel Aretz; Manual de folklore venezolano, 1957.
[v] Op. Cit.
[vi] R. Strauss K., Op. Cit.
[vii] Otero Silva, Miguel; Fracaso cultural del Estado venezolano, 1979, C1-C2.
[viii] R. Strauss K., Op. Cit.
[ix] Raúl González Febre; "Venezuela moderna", 1995, p. 388.
[x] Wilbert Moore; "Cambio", 1975, Vol. 2, pp. 130–139.
[xi] Henry Pratt–Firchild. Diccionario de Sociología. F.C.E. México, 1987, p. 236.
[xii] Henry Pratt–Firchild, Op. Cit. p. 300.

Carta de invitación, firmada por Antonio López Ortega, Gerente General Fundación Bigott y Carmen Elena Alemán, Coordinadora del Simposio Universidad Simón Bolívar, Caracas, 9.2.1998.